Tecnología Médica
La telemedicina cambia cuando también puede examinar al paciente
La videollamada resolvió una parte importante de la atención médica a distancia. El cambio más interesante ocurre cuando el médico también puede acceder a información obtenida del examen físico del paciente.
2026-08-20 · 10 min de lectura

Durante años, cuando hablábamos de telemedicina, la imagen era bastante predecible: un paciente frente a una pantalla y un médico ubicado en otro lugar. Ese modelo representó un avance importante porque permitió reducir desplazamientos, ampliar acceso y mantener continuidad asistencial en situaciones en las que el encuentro presencial no era posible o resultaba poco práctico. Sin embargo, la teleconsulta tradicional resolvía principalmente un problema de comunicación. El médico podía conversar con el paciente, obtener antecedentes, evaluar síntomas y observar algunos signos mediante una cámara, pero buena parte de la información objetiva obtenida durante el examen físico continuaba fuera de su alcance.
En una consulta convencional, esa información puede tener un peso relevante. La posibilidad de auscultar los pulmones, escuchar el corazón o el abdomen, examinar el conducto auditivo, observar la garganta, evaluar determinadas lesiones cutáneas o registrar temperatura puede modificar la interpretación de un caso. Cuando estas capacidades no están disponibles, la consulta remota tiene inevitablemente límites. Por eso considero que uno de los cambios más interesantes que está ocurriendo en telemedicina no consiste en mejorar la videollamada, sino en ampliar lo que un médico puede evaluar cuando el paciente se encuentra en otro lugar.
De la consulta remota a la capacidad clínica remota
La historia clínica continúa siendo la base de una buena evaluación médica. Una anamnesis correctamente realizada puede aportar información decisiva y, dependiendo del motivo de consulta, ser suficiente para definir una conducta. Pero existen situaciones en las que el examen físico complementa o modifica el razonamiento clínico. Un paciente puede describir falta de aire, pero escuchar sus pulmones aporta otra capa de información. Puede referir dolor de oído, pero visualizar el conducto auditivo y la membrana timpánica cambia la calidad de la evaluación. Puede manifestar dolor de garganta, mientras que una imagen adecuada de la orofaringe permite observar elementos que una cámara convencional difícilmente reproduce de manera consistente.
Aquí aparece una diferencia que considero importante entre consulta remota y capacidad clínica remota. La primera conecta al médico con el paciente. La segunda intenta trasladar hasta el lugar donde se encuentra el paciente una parte de las herramientas que el profesional necesita para examinarlo. No se trata de reproducir a distancia todo lo que ocurre dentro de un consultorio. Se trata de identificar qué componentes del examen pueden capturarse con suficiente calidad y convertirse en información clínicamente útil.
El examen físico también puede convertirse en información digital
La tecnología médica permite hoy digitalizar determinadas partes del examen físico. Un estetoscopio digital puede registrar sonidos cardíacos, pulmonares y abdominales. Un otoscopio puede obtener imágenes del conducto auditivo y del tímpano. Una cámara clínica puede facilitar la evaluación de garganta y piel, mientras que otros sensores pueden incorporar temperatura y parámetros fisiológicos adicionales dentro del mismo proceso. TytoCare es un ejemplo especialmente interesante porque integra varias de estas capacidades dentro de una plataforma de atención remota. Permite realizar exámenes de corazón, pulmones, abdomen, oído, garganta, piel y temperatura, y poner esos registros a disposición del médico durante una consulta o para una revisión posterior. En la página de TytoCare en MUNZ se muestran las distintas configuraciones y modelos en los que esta capacidad puede utilizarse. Lo relevante no es únicamente el dispositivo, sino la posibilidad de llevar información obtenida durante el examen hasta un profesional que se encuentra físicamente en otro lugar.

Cuando una consulta incorpora este tipo de herramientas, parte de la evaluación deja de depender exclusivamente de lo que el paciente puede describir. El médico puede escuchar un registro, observar imágenes obtenidas con instrumental diseñado para ese propósito, solicitar que un examen se repita o comparar información a lo largo del tiempo. Esa capacidad también permite registrar el examen. Un sonido cardíaco o pulmonar que antes era escuchado únicamente durante unos segundos puede almacenarse y quedar disponible para una segunda evaluación, para comparación posterior o, en determinados casos, para análisis algorítmico. Desde el punto de vista clínico y tecnológico, este cambio es relevante porque convierte parte del examen físico en información que puede viajar.
La evidencia obliga a ser precisos
En tecnología médica es importante evitar dos extremos. El primero consiste en rechazar una tecnología simplemente porque no reproduce exactamente el examen presencial. El segundo consiste en asumir que cualquier examen remoto es equivalente al presencial. La evidencia disponible obliga a una lectura más cuidadosa.
Un estudio publicado en JAMA Network Open evaluó a 690 pacientes pediátricos y comparó exploraciones realizadas mediante un dispositivo médico móvil con el examen presencial convencional. Se analizaron parámetros como frecuencia cardíaca, temperatura, auscultación cardíaca, pulmonar y abdominal, otoscopia, garganta, cavidad oral y piel. Los investigadores encontraron niveles elevados de concordancia en varios componentes, particularmente en determinados exámenes de piel y auscultación cardíaca, pulmonar y abdominal. También encontraron menor concordancia en algunos componentes del examen de oído y garganta.
Ese resultado es más útil que una afirmación absoluta. Nos dice que el examen remoto puede ser muy valioso en determinadas situaciones, pero también que su utilidad depende del tipo de examen, la calidad de captura, la experiencia del usuario y la pregunta clínica que intenta responderse. Otro estudio evaluó la interpretación de sonidos cardíacos y pulmonares obtenidos mediante auscultación digital remota con TytoCare. Los resultados mostraron niveles variables de concordancia entre especialistas y mejores resultados en algunos hallazgos respiratorios, entre ellos crepitantes y sibilancias. Este tipo de evidencia permite una conversación más madura. La tecnología médica no necesita prometer que sustituirá cada aspecto del examen tradicional. Necesita demostrar con precisión dónde aporta información suficientemente buena para mejorar una decisión clínica.
El objetivo no es reemplazar la atención presencial
La telemedicina avanzada no debería utilizarse para mantener al paciente a distancia a cualquier costo. Existen componentes del examen que continúan requiriendo contacto directo, palpación, maniobras específicas, procedimientos, laboratorio, imágenes o evaluaciones que no pueden reproducirse con los recursos disponibles de forma remota. También existen situaciones clínicas en las que la presencialidad es indispensable por seguridad, complejidad o necesidad de intervención inmediata.
Por eso el valor de una buena plataforma remota no está únicamente en resolver consultas a distancia. También puede estar en ayudar a determinar con mayor información qué paciente puede continuar dentro de un modelo remoto y cuál necesita ser derivado. El objetivo de un sistema de salud no debería ser maximizar el número de teleconsultas. Debería ser utilizar de manera adecuada cada nivel y modalidad de atención.
Para Perú, la distancia tiene una dimensión clínica y operativa
Cuando hablamos de telemedicina en Perú, reducir la conversación a comodidad y tráfico urbano resulta insuficiente. La geografía, la distribución de especialistas y la concentración de servicios generan un problema mucho más estructural. Un paciente puede encontrarse en una operación minera, una institución educativa, una localidad rural, una sede empresarial o un domicilio lejos del especialista que necesita. Tradicionalmente, esta distancia se resuelve trasladando al paciente, trasladando eventualmente al profesional o postergando la atención hasta que ambos puedan encontrarse. Cuando determinadas partes del examen físico pueden realizarse de manera remota, aparece una alternativa adicional. Parte de la capacidad clínica puede trasladarse digitalmente antes de decidir si el paciente realmente necesita viajar.

Esto puede ser relevante en salud ocupacional, atención domiciliaria, establecimientos descentralizados y redes donde un médico general necesita el apoyo de un especialista. El médico ubicado junto al paciente no deja de ser importante. Por el contrario, puede trabajar con una segunda opinión apoyada en imágenes, sonidos y registros obtenidos directamente durante el examen. El especialista remoto recibe así algo más que una descripción verbal del caso. Puede revisar información clínica capturada mediante instrumental específico y solicitar nuevas tomas cuando lo considera necesario.
Los modelos sincrónicos y asincrónicos amplían las posibilidades
Normalmente asociamos telemedicina con una consulta en vivo. Paciente y médico están conectados al mismo tiempo y el profesional puede dirigir el examen. Ese modelo sigue siendo fundamental, especialmente cuando el médico necesita orientar al paciente o al personal que está realizando la exploración. Sin embargo, la digitalización permite también modelos asincrónicos. Determinados exámenes pueden registrarse y quedar disponibles para una evaluación posterior. Esto resulta particularmente interesante cuando el recurso escaso es el especialista y no necesariamente el dispositivo o el profesional que se encuentra con el paciente.
Una red puede entonces organizar mejor el tiempo médico. El especialista no necesita coincidir exactamente con cada captura, siempre que el caso, el protocolo y la situación clínica permitan una revisión posterior. La tecnología modifica así no solamente dónde ocurre una evaluación, sino también cuándo necesitan coincidir sus participantes.
La inteligencia artificial empieza a entrar en el examen físico
Cuando los sonidos y las imágenes clínicas se convierten en datos digitales, surge otra posibilidad: utilizar algoritmos para apoyar su interpretación. TytoCare ha recibido autorizaciones 510(k) de la FDA para herramientas específicas de análisis de sonidos respiratorios, entre ellas sistemas orientados a apoyar la identificación de sibilancias y otros sonidos pulmonares anormales. Estas capacidades deben entenderse como apoyo al profesional y no como sustitutos de la evaluación clínica. El algoritmo puede identificar patrones o señalar un posible hallazgo, pero el médico continúa integrando esa información con síntomas, antecedentes, evolución y contexto.

Desde una perspectiva de largo plazo, este punto puede ser incluso más importante que la propia videollamada. Un sonido que antes desaparecía después de ser escuchado puede ahora registrarse, compararse con registros posteriores y formar parte de un conjunto de datos longitudinales. La digitalización del examen crea así una nueva fuente de información clínica que puede utilizarse para seguimiento, comparación y desarrollo de nuevas herramientas de apoyo a la decisión.
La tecnología sigue siendo solamente una parte del modelo
Disponer de un dispositivo capaz de realizar examen físico remoto no significa automáticamente disponer de un servicio de telemedicina funcionando. La organización necesita definir quién realizará los exámenes, qué capacitación requiere, quién recibirá los casos, cuánto tiempo tendrá para responder, qué pacientes pueden utilizar el modelo, cómo se manejarán los hallazgos y qué ocurre cuando existe una incidencia técnica o una necesidad de atención presencial. También necesita definir cómo se documentará la consulta, cómo se integrará la información a la historia clínica cuando corresponda y qué indicadores permitirán saber si la implementación realmente está resolviendo el problema que justificó la inversión. Por eso, en mi experiencia, el verdadero producto no es únicamente el dispositivo. Es la capacidad asistencial que conseguimos construir alrededor de él.
La siguiente etapa de la telemedicina será más exigente
La pandemia aceleró enormemente la adopción de la atención remota porque existía una necesidad inmediata de conectar médicos y pacientes sin compartir necesariamente el mismo espacio. La videollamada fue suficiente para abrir esa puerta. La etapa que viene requiere más. Ya no basta con preguntar si podemos conectar al paciente con un médico. Tenemos que preguntarnos qué información clínica podemos obtener a distancia, con qué calidad, dentro de qué protocolos y en qué situaciones esa información permite tomar una decisión segura. Eso implica combinar tecnología médica, datos, profesionales, operación, soporte e integración. También implica reconocer con claridad cuándo la presencialidad continúa siendo necesaria.
En un país como Perú, donde la geografía y la distribución de especialistas siguen condicionando el acceso, esta evolución tiene un potencial particularmente relevante. La telemedicina comenzó conectando personas. Su siguiente etapa consiste en conectar también capacidad clínica.
Referencias
Registro del estudio en PubMed.
Interpretation of Heart and Lungs Sounds Acquired via Remote, Digital Auscultation.
U.S. FDA 510(k), Tyto Insights for Wheeze Detection, K232237.